¿Usted es mamá?

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Hace relativamente poco cambié de trabajo. Entré a un lugar completamente nuevo donde nadie me conoce. Desde que entré he hecho un esfuerzo consciente por proyectarme tal cual soy y siento que he tenido éxito en el proceso. Curiosamente, constantemente recibo comentarios como los siguientes.

“¿Usted es mamá?”

“¿en serio tiene dos hijas?”, “pero ¿qué edad tiene?”

“¡parece una carajilla!”

“no le creo que en serio tenga hijas tan pequeñas”

Para ser sincera decidí recibir éstas expresiones como piropos, sin embargo me hacen preguntarme ¿por qué no luzco como una mamá? Más específicamente “¿cómo se imagina la gente que debe lucir una mamá?

¿Tendrá ojeras que le llegan hasta los cachetes? ¿Será una especie de ente sin vida, despeinada, con leche y salsa de macarrones en toda la ropa como si fueran heridas o medallas de guerra? ¿Andará perennemente con leggings, crocs y camisetas que le quedan grandes? ¿tendrá cara de “por favor ayúdeme” o de amargada todo el día? o como diría mi buen amigo Julio Córdoba podría ser acusada de “portación de jacha”

¿Cómo cree el mundo exterior que se ven las mamás?

Les cuento que antes de que volviera a trabajar y durante los fines de semana probablemente calzo a la perfección con lo que la gente percibe de una mamá. Ropa holgada, tennis o flats, jeans probablemente rotos, cero maquillaje y el pelo recogido en  cola de caballo (o de Mula). Y hay cientos de razones por las cuales eso está perfectamente bien conmigo.

Pero el lunes a las 4:30am cuando suena la marcha Imperial de Star Wars y salto de la cama para empezar mi día todo cambia: Me lavo el pelo, me peino, me pongo la merula, busco ropa “ejecutiva”, tengo que cambiar los flats por tacones y ME ENCANTA.

En buena medida es chiva tener que cuidarme y lucir bien por mí y por “el bien y la salud” de todos los que trabajan a mi alrededor. Me enorgullezco de la manera en la que me visto y me presento ante el mundo, siendo mamá o no. Pero a veces esas frases estilo “no parecés mamá” me sacan de base.

Entiendo que algunos de los comentarios tienen vestigios o connotaciones de halago, sorpresa, o incredulidad, sin embargo  que otros vienen cargados de desdén. Como cuando una chavala me vio de arriba abajo y me dijo “cuando yo tuve mis hijos no quedé así de delgadita, ni me arreglaba tanto como usted debería de comer más”

Pretendí no haber notado el brillo del puñal que me clavó, pues estaba cuidadosamente forrado con encaje “tejido con manos de mamá”. Le sonreí y le dije “tan linda, muchas gracias, pero créame, no siempre me veo así de arreglada, y lo de flaca es de familia, además de que trato de cuidarme y hacer ejercicio”  Traté de (como siempre le digo a mis hijas) “jugar lindo” con ella y no devolverle una grosería, pero en el fondo terminé justificándome y recordándole que a pesar de mi apariencia de oficina soy una mamá real como todas las demás.

Es un poco triste. Esta necesidad de defenderse por lucir arreglada o al menos decente, como si eso nos hiciera menos mamás.

El asunto es que la respuesta para todas esas preguntas o comentarios siempre debería ser “Sí, las mamás a menudo lucimos así y por muchas buenas razones”

Somos una especie de súper héroes que podemos hacer todo lo que nos toca hacer, y aún tener tiempo para ponernos tacones, maquillarnos, peinarnos e ir a trabajar como abogadas, periodistas, ingenieras o profesoras sin que se nos note lo poco que dormimos, el desastre que es nuestra casa o la mucha ropa que no hemos doblado. Porque sí, además de todo no tengo ayuda doméstica 24/7 como muchos se imaginan. Es más, las mamás también podemos vernos sexys, ser bromistas y joviales también. NO ES PECADO

¡Las mamás somos mucho más que nuestro look de lunes a viernes o fin de semana, y a nuestros hijos no les podría importar menos!

Soy mamá de dos hermosas niñas de 3 y 1 año. Está bien si no luzco como usted cree que debería. También está bien si ocasionalmente me pongo mi disfraz de mamá (lo que sea que eso signifique para usted).

¿Qué tal si nos apoyamos unas a otras? Si bajamos nuestra guardia, ponemos de lado nuestras inseguridades, nuestros prejuicios de cómo debe lucir una mamá y celebramos nuestra maternidad ante el mundo.

¿Qué tal si cuando vemos a una mamá batallando en el supermercado con su hijo haciendo berrinche la apoyamos o le ofrecemos ayuda?

¿Qué tal si cuando vemos a una mujer guapa, arreglada y bien vestida que también es mamá decimos “bien por vos mamá”?

¿Si cuando lucimos nuestras heridas y medallas de mamá brillando por todo lo alto nos decimos “SOY UNA SUPER HEROÍNA”. Si cuando nos vestimos lindas y nos sentimos sexys dejamos de justificarnos?

Mamás del mundo. Unamos nuestras manos (posiblemente pegajosas o embarradas de algo) y recordemos que todas estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo y que todas lo hacemos bien. Luciendo como nos convenga, glamorosas o no,  nos necesitamos unas a otras y lo único que nuestros hijos necesitan a nosotros!

¡SÍ, YO LUZCO COMO UNA MAMÁ, Y ES MARAVILLOSO!!